jueves, 12 de febrero de 2026

¿Cómo andas? ¡Todo bien!

 



- ¿Cómo andás? – pregunta Adriana -

- Bien, todo bien… - respondo con una sonrisa de oreja a oreja –

- Ah qué bueno. Me alegro.

- ¿Y vos? – pregunto con la sonrisa de oreja a oreja -

- Todo ok. Pero ahora te dejo. ¡Ando a full! – contesta Adriana, reiterando el verbo “andar”, como si fuera uno de los principales de su vocabulario coloquial -

- Obvio… quién no… - respondo con la misma sonrisa de oreja a oreja –

- Chau Noe…

- Bye, Adri…

 

¿Qué hubiera sucedido si en lugar de manifestar “todo bien”, le hubiera espetado… “Ando para el reverendísimo ojete, me duele el cuerpo, el alma, las uñas y la punta del dedo gordo del pie porque me llevo a las patadas con mi pareja, mi hijo es un adolescente que desconozco qué mierda se le cruza por la cabeza y mis proyectos se han cumplido en un tacaño 23,56 %?

 

Probablemente hubiera respondido con su amable y muy gentil sonrisa ¡“ando a full”, después me contás! Ok. Extraña costumbre es ésta de responder con ese “todo bien”. Todo bien. Todo es demasiado abarcativo. Como un exceso verbal, que apenas disimula que no todo anda bien. Si todo anduviera tan bien, ni psicólogos ni abogados tendrían trabajo.

 

Pero la sonrisa es obligatoria. Especialmente en estos encuentros o “colisiones” casuales. Recuerdo muy bien una ocasión, en la cual vencí mi tradicional fobia social y asistí a un “evento” en Parque Norte, a causa de la finalización de un curso de marketing, con su “vino de honor”, aunque evocara una bacanal de Síbaris. Todos paraditos y yendo de allá para acá, recorriendo mesitas con manjares y llenándose los platitos de los mismos, desbordándolos hasta la vergüenza ajena y no tanto. Recuerdo que me hallaba sola, eligiendo unos saladitos de salmón, que posiblemente no degustaría por años, debido a sus altos costos (el curso, al fin y al cabo, me había despejado la duda… con mis ingresos de mierda no sería el target para las empresas comercializadoras de salmón ahumado). Recuerdo que un compañero de curso, de cuyo nombre no me acuerdo, empleando el viejo castizo de Mío Cid, se acercó con sigilo y me formuló la bendita pregunta…

 

- ¡Hola!... ¿Cómo andás?...

- Para el orto, pero estos saladitos de salmón ahumado y este Chardonnay están de puta madre… ¿Y vos?

- Bien – respondiendo con la sonrisita de oreja a oreja, que se deshacía como un helado de pistacho bajo el sol de Enero – Te dejo porque me llama un supervisor…

- Ve con Dios, compañero cursante de cuyo nombre no me acuerdo…

- ¿Perdón?

- Que te las tomes… el salmón ahumado no cura, pero entretiene mi paladar, que en este instante tiene a cargo la representación de mi alma, la cual halla vaciedad en el mundo real que la rodea. No obstante lo cual, el sabor ¡Qué digo!, el “potencial” sabor del salmón ahumado, pues aún no lo he ingerido, podría desviar mis angustias por un rato, aunque sólo por un rato…

- Ah… bueno… ¡Hasta luego!

- Hasta luego… quién sabe… (no se a qué carajo se refiere con el luego, ¿Luego de qué? ¿De comer y beber como romanos desbocados o luego de hablar con el imaginario supervisor?... bah… ya ni me importa)

 

Apenas un minuto después…

 

- ¿Hola? ¿Cómo andás? – pregunta otro compañero cursante de cuyo nombre tampoco me acuerdo –

- Joya… hasta ahora en dos piernas… ¿Y vos? ¿Cómo te llamabas? - respondo con la sonrisita de oreja a oreja, teniendo en cuenta el método de “ensayo y error” -

- Ah… eh… Guillermo… - contesta solícito “Guillermo” –

- Como el conquistador de Bretaña – digo masticando finalmente el manjar proveniente del mar y con un toque ahumado –

- Sí, claro…

- Exacto… estos normandos… eran unos pillos ¿eh?

- Sí, por supuesto. Eh… veo que estás ocupada con tu saladito…

- El cielo puede esperar, el salmón que no comeré por tiempo indeterminado, quizás jamás nuevamente, quién sabe… no.

- Eh… te dejo por ahora, porque siento vibrar el celu y espero una llamada…

- Vaya nomás con sus vibraciones, no hay problema Guillermo de Normandía…

- Bueno, hasta luego – dice Guillermo con cara de nada –

- Si Dios o la Nada quieren… y el dios “Luego”, dios pagano me comentaron porque no creía ni en su abuela, también…

 

Se aleja Guille. No sin antes, darse vuelta para observarme con más atención. Su carita sonriente es tan transparente como él. Pero prefiero no imaginar lo que piensa… jeh. (- ¿De qué te reís? -)

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario